Hace un tiempo intervine una barra en un restaurant y escribí la frase "Pinto porque el cuerpo y el alma me quedan chicos para amarte" honestamente es literal... realmente pinto porque amo. Puedo hablar de lo que estudio, de los talleres a los que voy, del tiempo que hace que dibujo o pinto, de los títulos que tengo pero a la hora de pintar de lo único que tengo certeza es de lo que siento.


Cada cuadro para mí, es un mundo de posibilidades infinitas. Me gusta sentir cada lienzo como un corazón abierto con una historia por contar, un amor por el cual vibrar o un deseo, de esos profundos, que nadie conoce pero que todos llevamos con nosotros...

Dibujo mucho con líneas porque para mí representan la flexibilidad y la vulnerabilidad, pero también el limite entre el afuera y el adentro... Pinto flores porque creo que representan las energías más sutiles de la naturaleza, la generosidad, la apertura, la suavidad, y la energía femenina (receptiva) los colores me recuerdan la espontaneidad y la alegría.

Pinto el cuerpo humano porque me parece un verdadero milagro, y me gusta desvirtuarlo porque me parece una forma de mostrar como nos vamos poniendo mascaras para lograr la aceptación del entorno, y como así muchas veces, se pierde la verdadera esencia de la persona. Me gusta hablar de las represiones, de las culpas, de las vergüenzas, de lo que es tabú, porque creo que realmente le tememos a lo que ignoramos, y que la única forma de evolución es mirar hacia adentro, aprender y mirar el afuera para dar y recibir.


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(R)evolución